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Sevilla con el Año Murillo

Año Murillo

Sevilla con el Año Murillo

Bartolomé Esteban Murillo fue un pintor español, sevillano para ser más precisos, nacido en 1617, cumpliéndose este año el cuarto centenario de su nacimiento. Era el menor de catorce hermanos y a sus 9 años de edad quedó huérfano y bajo la tutela de su hermana mayor y el marido de ésta.

Aunque apenas hay noticias de sus primeros años de formación, se conoce que, desde muy temprana edad, frecuentara el taller de un pariente pintor, Juan del Castillo, donde dio sus primeros pasos.

Una vez transcurrido el periodo de aprendizaje, a Murillo se le despierta el deseo de viajar y conocer el arte en otros países, sin embargo, sólo llegó hasta Madrid, donde, en 1642, visitó El Escorial y otros palacios reales junto a su paisano Velázquez, según el historiador Antonio Palomino.

En 1645 se casa con Beatriz Cabrera y, para este año, ya está completamente establecido, comienza a recibir encargos importantes como los del claustro de San Francisco el Grande, y se especializa en los dos temas icónicos de su carrera: la Virgen con el niño y la Inmaculada Concepción.

El reconocimiento de Murillo ya era grande hacia el 1660, este año intervino en la fundación de la Academia de Pintura, cuya dirección compartió con Herrera el Mozo.

Al final de su vida inicia la serie de la iglesia de los Capuchinos de Cádiz que no terminaría debido a que, tras una caída mientras trabajaba, fallece en 1682.

Una vez conocida su historia, es importante destacar de entre sus obras la evolución desde cuadros de costumbrismo realista como puede ser Niños comiendo melón y uvas, o Vieja espulgando a un niño, hasta sus representaciones religiosas, sus perfectas Inmaculadas y las composiciones de Virgen con el Niño.

Tras varios estudios se han podido rescatar algunos de los materiales que este autor (y otros de su época) empleaban para conseguir los colores y texturas de sus obras. Algunos de estos son el óxido de plomo, laca roja, carbón vegetal, malaquita, esmalte azul o lapsilázuli. Este último es especialmente reconocido, se trata de una piedra semipreciosa, compuesta por los minerales que le proporciona su característico color azul unido a un veteado gris y blanquecino y reflejos dorados.

En definitiva, Bartolomé Esteban Murillo se convierte en una figura importante y destacada en el arte del S.XVII que perdura a lo largo de los años, celebrándose próximamente el “Año Murillo” en su ciudad natal, Sevilla, donde se reunirán más de 600 obras del autor repartidas en ocho exposiciones dignas de visitar.